¡Cuánto no progresé gracias a ella! Quiero rendirle gloria al que me la dio.
Me había decidido a ponerla en práctica, busqué ardientemente el bien y no me he arrepentido de ello.
Me hizo soportar duros combates, pues me esforcé por cumplir toda la Ley. Levantaba mis manos hacia el cielo, deplorando mis insuficiencias al respecto.
Me volví a ella con toda mi alma, y la encontré a fuerza de purificación. Por lo demás, fue debido a ella que, desde el comienzo, fui amo de mi corazón: ahora no me abandonará jamás.
El deseo de adquirirla me dominaba totalmente, y al final conseguí la parte mejor.
El Señor me recompensó con el don de la palabra: así seré capaz de alabarle.
¡Acérquense, ustedes que no saben, vengan a pasar un tiempo en la escuela de la sabiduría!
¿Por qué dicen que la sabiduría no es para ustedes, siendo que están sedientos de ella?
Les declaro con toda convicción: ¡Adquiéranla, y sin pagar nada!
¡Doblen su cuello para que reciban su yugo, y obtendrán la instrucción! Salgan a su encuentro, que ya está cerca.
Abran los ojos y vean que he penado poco para llegar a un tal descanso.
Biblia Latinoamericana / se toma como guía el misal Católico: Asamblea Eucarística. México